2026-05-27
Violencia, mala alimentación y estrés: las huellas invisibles de la hipertensión y la diabetes
Experiencias de violencia, trabajo infantil, estrés prolongado y dificultades para acceder a alimentos nutritivos marcaron la vida de 9 personas con hipertensión o diabetes incluidas en un estudio, el cual encontró que estas enfermedades también pueden estar relacionadas con condiciones sociales y emocionales acumuladas desde la infancia.
La hipertensión arterial es una enfermedad crónica que ocurre cuando la presión con la que la sangre circula por las arterias se mantiene elevada persistentemente.
Con corte al 31 de diciembre de 2024 se reportaron a la Cuenta de Alto Costo (CAC) 6.077.364 personas diagnosticadas con hipertensión en Colombia, una cifra aún preliminar y sujeta a auditoría.
Solo durante ese año se notificaron 214.659 casos nuevos. La región Andina concentró la mayor cantidad de nuevos diagnósticos, seguida de la región Caribe, aunque esta última registró la incidencia estandarizada más alta del país.
Por su parte, la diabetes tipo 2 es una enfermedad metabólica, es decir una alteración en la manera como el cuerpo procesa la glucosa o azúcar en la sangre, asociada principalmente con factores como la obesidad, el sedentarismo y algunos hábitos de vida. En Colombia, cerca de 3 millones de personas viven con esta enfermedad.
Hace más de 4 años la investigadora Mariluz Romero, magíster en Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se interesó por el tema mientras trabajaba con pacientes que llegaban a las unidades de cuidado intensivo con enfermedades de base como hipertensión y diabetes. “Siempre me preguntaba qué había detrás de estas patologías”, comenta.
La enfermedad empieza mucho antes del diagnóstico
Cuando revisó la literatura científica, Mariluz encontró un dato que marcó el rumbo de su investigación: entre el 60 y 80 % de los casos de estas enfermedades se podrían prevenir con cambios en el estilo de vida.
A partir de ese hallazgo decidió centrar su tesis de maestría en 9 personas vinculadas a la ruta cardiovascular de Unisalud, la IPS de la UNAL. Se trató de 6 mujeres y 3 hombres entre los 36 y los 75 años, provenientes de regiones como Santander, Huila, Boyacá, el Eje Cafetero y Bogotá. Algunas convivían con hipertensión, otras con diabetes tipo 2, y varias con ambas enfermedades.
Para ello estudió la alimentación, la actividad física y el estrés a lo largo de sus vidas, y en vez de centrarse solo en la adultez o en el tratamiento médico, ella buscó entender cómo las experiencias acumuladas desde la infancia, e incluso desde la gestación, se podían relacionar con la aparición, muchos años después, de enfermedades cardiometabólicas como la hipertensión, la diabetes y otros trastornos asociados con el corazón, la circulación y el metabolismo.
“La evidencia muestra que estas afecciones no aparecen de un momento a otro; existen factores sociales, económicos, emocionales y culturales que influyen en su desarrollo”, señala la experta.
Uno de los principales hallazgos apareció en la alimentación, ya que muchos hábitos alimentarios estuvieron determinados por los recursos económicos y por las costumbres culturales de cada región.
Varios participantes crecieron en hogares en los que no siempre había acceso a alimentos nutritivos y en donde predominaban dietas ricas en carbohidratos y productos ricos en almidón.
“La alimentación se construyó con base en lo que había disponible y en lo que les alcanzaba con su dinero. En algunos casos también aparecieron patrones frecuentes de consumo de embutidos y alimentos ultraprocesados, lo que evidencia que las desigualdades sociales también moldean la salud cardiovascular”, señala la investigadora.
En cuanto a la actividad física, la mayoría de los participantes permanecieron activos a través del juego o de actividades cotidianas. Sin embargo, ese movimiento disminuyó en la adultez por falta de tiempo, jornadas laborales extensas, cansancio o problemas de salud.
Mientras algunas personas intentaban mantenerse activas con caminatas diarias o rutinas desde el celular, otras enfrentaban barreras físicas y emocionales que dificultaban sostener esos hábitos.
El estrés fue otro de los ejes más importantes del estudio, pues la autora identificó experiencias de violencia física, abandono familiar, intentos de abuso sexual y trabajo infantil desde edades tempranas.
“Estas situaciones pueden mantener activo el sistema de alarma del cuerpo durante años y favorecer procesos inflamatorios relacionados con enfermedades crónicas. Entre los casos estudiados había sentimientos de tristeza, rabia y frustración que permanecieron durante mucho tiempo”, indica la magíster.
Algunos participantes contaron que tuvieron que trabajar desde niños para ayudar económicamente a sus familias; otros relataron secuelas emocionales relacionadas con el abandono parental o con conflictos familiares.
Embarazo e infancia también dejan huellas en la salud futura
En su trabajo de investigación la magíster también identificó la gestación como una etapa especialmente vulnerable para la salud cardiovascular y metabólica. Dos de las participantes recibieron diagnósticos relacionados con hipertensión o diabetes durante el embarazo, y además aparecieron relatos asociados con ansiedad, cambios emocionales y depresión posparto.
“La salud materna influye no solo en la mujer, sino también en el futuro del hijo. Las condiciones presentes durante el embarazo influirían en el riesgo de desarrollar hipertensión, diabetes y otras alteraciones metabólicas en etapas posteriores de la vida”, explica la experta.
Otro hallazgo que llamó su atención fue que ninguno de los participantes tenía obesidad, lo cual demuestra que estas enfermedades no afectan solo a personas con sobrepeso. “Una persona delgada también puede desarrollar hipertensión o diabetes”, enfatiza.
Para la magíster, uno de los principales aportes de su trabajo es proponer una mirada menos centrada exclusivamente en el tratamiento y más enfocada en la prevención.
“Cuando conocemos la historia de vida de una persona podemos diseñar intervenciones más específicas según la etapa vital”, explica.
En su opinión, abordar estas enfermedades requiere acompañamiento en nutrición, actividad física y salud mental desde etapas tempranas de la vida, incluso antes de que aparezcan los síntomas.
“Estas recomendaciones no son solo para quienes ya tienen la enfermedad, sino que también son importantes para las personas en riesgo y para quienes todavía no presentan síntomas”, concluye.

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