
Imagen. / Unimedios
2022-03-31
Proyectos eléctricos en zonas no interconectadas sucumben por falta de administración
La energía eléctrica es vital para el crecimiento económico y social de un país. Juega un papel muy importante en la erradicación de la pobreza, el mejoramiento de la educación, el acceso a la atención médica de calidad, entre muchos otros aspectos. De hecho, el Banco Mundial ha descrito a la energía como el “hilo” que une el crecimiento económico, la equidad social y la sostenibilidad ambiental.
No obstante, cerca de 1,3 billones de personas en el mundo no tienen acceso a este servicio, ya que viven en zonas rurales de países en vías de desarrollo, lugares remotos. En el caso colombiano, alrededor del 52 % del territorio forma parte de las zonas no interconectadas.
La ingeniera industrial Érika Andrea Dávila Rueda, candidata a Magíster en Administración de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), determinó que factores como la combinación del alto costo del servicio y clientes con bajos ingresos, a menudo hacen que la estructuración de un proyecto sea una tarea más compleja, además de constituirse en una causa por la que algunos proyectos operan por menos de un año después de su implementación.
“En Colombia, las personas conectadas viven en las ciudades principales, pero en el territorio las comunidades son más pequeñas, dispersas y la geografía hace más compleja la implementación del servicio. Por ejemplo, no es sencillo conectarse cuando hay kilómetros de bosques de un lugar a otro, como pasa en la Amazonia”, asegura la ingeniera.
Sin embargo, en su investigación no tuvo en cuenta las causas problemáticas para la implementar un proyecto de conexión eléctrica, sino que se preguntó por qué es tan difícil que la conexión se mantenga en el tiempo.
“Inicialmente encontramos que en Colombia los estudios solo se enfocaban en la parte técnica, y nos llamó la atención que algunos proyectos implementados en las regiones –que ya habían superado las barreras económicas y de infraestructura– ya estaban apagados después de un año. Vimos entonces que los problemas eran otros”, asegura la investigadora.
El estudio identificó que la falta de una buena administración de estos proyectos lleva a que no sean sustentables con el tiempo. “Esta problemática no ocurre solo en Colombia, también se presenta en Canadá, países de Europa y África y varios de Latinoamérica, todos tienen en común la falta del desarrollo socioeconómico en paralelo con los proyectos de energía”, sostiene.
Apuntarle a la capacitación
En Colombia, la mayor parte de los gastos de construcción, operación y mantenimiento de la infraestructura eléctrica de las zonas no interconectadas se ha financiado con recursos del Presupuesto General de la Nación y del Fondo Nacional de Regalías.
No obstante, la mayoría de estas inversiones les apuestan a dichos proyectos eléctricos como un fin y no como un medio de transformación social. “Los inversionistas dejan en la población la responsabilidad de mantenerlos, pero estas zonas son muy vulnerables, están en medio de la pobreza y no tienen esa capacidad. Más allá de la inversión, se debe hacer un seguimiento y capacitar a los ciudadanos, no solo en lo técnico sino también en la gestión, para crear y fomentar negocios e industria que permita su sostenibilidad en el tiempo”, señala la investigadora.
Agrega que “la apropiación y participación de las comunidades es clave en la sostenibilidad: es vital que participen activamente y usen esa tecnología. Se debe realizar una transferencia de conocimiento para que la gente pueda hacer no solo el mantenimiento de los equipos, sino también que aprendan a llevar y sostener una empresa de energía, cobrar el servicio, y especialmente que sea una herramienta de generación de empleo”.
Para finalizar, agrega que “con el estudio se concluyó que el éxito de los proyectos de energía está impulsado más por factores locales que por política nacional, lo que quiere decir que la participación de la comunidad sería sumamente afectiva para la supervivencia de los proyectos en el tiempo, con actividades como la promoción de la responsabilidad compartida, apropiación de las tecnologías y la comunidad, actuando como gestores de las iniciativas energéticas”.

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