
Metro de Madrid. Foto Wikipedia.
2019-10-31
Nueve innovaciones del Metro de Madrid que han hecho historia
El 31 de octubre de 1919 tuvo lugar el primer trayecto con viajeros del Metro de Madrid. Durante estos cien años, ha evolucionado hasta convertirse en la columna vertebral del transporte de la ciudad.
Son muchas las historias que ligan a los ciudadanos de esta ciudad con su metro. Detrás de ellas se esconden grandes innovaciones tecnológicas y sociales que no solo han impactado en la vida de la capital, sino que han trascendido a todo el mundo.
“La gente pensaba que eran unos locos por querer hacer un transporte que fuese por debajo de la tierra”, relata Otamendi, nieto de uno de los fundadores
Un viernes por la mañana visitamos la exposición del centenario del Metro de Madrid, en Chamartín. Nos acompaña Javier Otamendi, ya jubilado de su puesto como subdirector de Relaciones Institucionales de la empresa, y nieto de uno de sus fundadores.
Entre vagones antiguos, nos cuenta cómo en 1917 su abuelo Miguel Otamendi, junto con Carlos Mendoza y Antonio González Echarte, diseñaron este importante proyecto. “Les costó muchísimo sacarlo adelante, la gente pensaba que eran unos locos por querer hacer un transporte que fuese por debajo de la tierra”, relata.
Según Otamendi (nieto), el objetivo original era ponerse a la altura de grandes ciudades europeas donde ya funcionaba un metro, como Londres o París, y acabar con los grandes atascos que empezaban a producirse en la superficie con el movimiento de tranvías, personas y carruajes.
Para hacer posible la puesta en marcha de la primera línea, el rey Alfonso XIII puso de su bolsillo el último millón de pesetas que faltaba. Así se dio inicio a esta red sin la que hoy no se puede concebir la ciudad.
Con la ayuda de Otamendi y también de expertos en tecnología, de historiadoras y de los propios trabajadores de la compañía, hemos seleccionado un puñado de innovaciones del Metro de Madrid que han hecho historia a lo largo de sus cien años.
1. “Antes de entrar, dejen salir” y otros trucos de circulación
Hace un siglo, la red madrileña de metro cerró su primer año con más de 14 millones de usuarios y en 2018 la cifra ascendió a 657,2 millones de personas. Esta densidad de viajeros colapsa las líneas, sobre todo en horas punta. Por eso, desde sus inicios ya establecía códigos de conducta que permitan una circulación fluida, como los carteles que advertían, por ejemplo, “dejar salir antes de entrar” y que hoy ya hemos interiorizado.
Antonio Palacios, el arquitecto que diseñó las primeras estaciones de Metro, estudió diferentes estrategias para mejorar la circulación de viajeros, ya que los vestíbulos eran pequeños y contaban con varios pasos de validación y revisión del billete que generaban colas.
“Se decidió que la publicidad estuviese solo en los andenes para que la gente no se entretuviese en el vestíbulo mirándolos”, explica a Sinc Elena Castellanos, guía del museo de la estación fantasma de Chamberí.
Palacios también se deshizo de las esquinas para convertirlas en chaflanes y eligió “un mobiliario visualmente ligero y dispuesto en cruz de tal manera que se distribuía el espacio en un pasillo de entrada y otro de salida”, añade.
“Se decidió que la publicidad estuviese solo en los andenes para que la gente no se entretuviese en el vestíbulo mirándolos”, dice Castellanos
2. Contra la claustrofobia, azulejos
El arquitecto Palacios, uno de los más representativos en la transformación de la ciudad de Madrid en metrópoli moderna, utilizó azulejos blancos en el diseño, ya que es un material ignífugo e impermeable, a la vez que barato y fácil de mantener y limpiar. Así, en una época en la que las bombillas eléctricas no daban mucha luz, evitaba la claustrofobia que podía provocar a los pasajeros que entraban por primera vez en un transporte subterráneo, algo muy poco habitual en la época.
“Parecía mucho más grande y luminoso de lo que era en realidad”, explica a Sinc la guía Elena Castellanos durante el recorrido.
Además, el vestíbulo contaba con lucernarios que permitían el paso de la luz natural, aunque estos no podían abrirse en los andenes, que se quedaban casi a oscuras. Según Castellanos, estos azulejos tuvieron tanta importancia que han sido estandarizados y ahora se conocen como ‘azulejos metro’.
3. Una puerta abierta al trabajo de las mujeres
Junto a las telefonistas de la empresa Telefónica, el Metro de Madrid fue de las primeras empresas que idearon una categoría de trabajo especialmente para las mujeres. Ellas eran las taquilleras y revisoras: vendían los billetes, los sellaban cuando el viajero entraba y los revisaban en el andén. Sin embargo, una de las condiciones que tenían que cumplir las trabajadoras era estar solteras o viudas, ya que por ley se estipulaba que, una vez casada, el trabajo de una mujer debía ser cuidar de su familia. Siguió siendo así hasta los años 80, cuando ya mujeres casadas pudieron trabajar como taquilleras.
Al cabo de los años se les abrió el paso a otros trabajos, como en el ámbito administrativo, pero no fue hasta 1983 cuando Estrella Aranda se convirtió en la primera mujer maquinista.
“Realmente no había una condición expresa que prohibiera que las mujeres trabajaran como conductoras, sino que era un poco ‘trampa’ porque para acceder al puesto necesitabas haber cumplido el servicio militar, lo cual era imposible para las mujeres”, cuenta a Sinc Aranda, quien se jubiló parcialmente hace dos años tras 35 de servicio.
Estrella Aranda fue la primera mujer maquinista del Metro de Madrid. / Archivo Metro Madrid
Según la trabajadora de Metro, en la convocatoria de examen de ese año, ella y todas sus compañeras fueron vetadas sin saber por qué. Tras una reclamación por parte del comité de empresa, volvieron a admitirlas y Aranda pasó el examen final.
En la actualidad, la situación ha mejorado pero está lejos de alcanzarse la paridad: según datos de 2017, solo un 25,63 % de la plantilla son mujeres. Además, su presencia es muy escasa en puestos de maquinista, mantenimiento y seguridad.
4. Accesibilidad mejorable
En una ciudad que no paró de crecer desde los años 60 del siglo XX, el Metro de Madrid permitió cohesionar barrios y acercarnos al trabajo. A día de hoy, ha reformado muchas de sus estaciones para que todos los ciudadanos puedan utilizarlo y se posiciona entre los más accesibles del mundo tras el de Shanghái y Londres, con 1.705 escaleras mecánicas y 529 ascensores.
Sin embargo, la accesibilidad total es una de las tareas pendientes del metro de Madrid. Por ejemplo, la línea 5 solo cuenta con un 53,1 % en tasa de adaptación. Para solucionarlo, en el año 2007 se aprobó un Real Decreto donde se establecía que todas las estaciones debían ser accesibles para el año 2017.
Aunque está entre los metros más accesibles del mundo, la tasa de adaptación de la línea 5 solo es del 53,1 %
Según declara Carlos Zorita, responsable de obras del Metro de Madrid, estas previsiones fueron muy ambiciosas y por eso han fallado. “Las obras de transformación del Metro son técnicamente muy complicadas y requieren una inversión muy grande. Tenemos muchas estaciones preparadas para reformar, como la de Begoña, por su cercanía al hospital La Paz”.
Además, algunas estaciones accesibles siguen teniendo entradas complicadas para personas con carros o movilidad reducida, como es el caso de Sol, ya que para salir a la calle desde el andén, debes desplazarte de una línea a otra hasta encontrar la combinación correcta de ascensores. “En Sol es imposible facilitar aún más la entrada a los andenes debido a la configuración de la estación. Sería necesario construir una nueva”, declara Zorita.
5. Más coches y el cierre de Chamberí
Cuando el metro comenzó a funcionar, los trenes tenían solo cuatro coches y las medidas de los andenes estaban adaptadas a este número. Luego, cuando la ciudad de Madrid empezó a crecer, se fabricaron trenes más veloces y con más coches, por lo que algunas estaciones también se tuvieron que reformar, explica Castellanos.
Sin embargo, estas obras no fueron posibles en todas las estaciones: la de Chamberí se encontraba a poco más de 400 metros de las colindantes (Iglesia y Bilbao) y los andenes quedarían demasiado cerca unos de otros. Dado que también se tenía que ampliar la curva del andén y había un desnivel importante que dificultaba las obras, “lo más fácil era pasar de largo; por eso en 1966 se decidió cerrar la estación, aunque se sigue circulando por sus raíles”, indica Castellanos. La estación de Chamberí quedó abandonada durante mucho tiempo hasta que se restauró y se convirtió en museo en 2008.
6. La catenaria rígida, una joya patentada
En sus comienzos, el metro de Madrid obtenía la electricidad a través de las vías, gracias a un sistema que se denominaba ‘tercera vía o rail’, pero esta estructura tenía grandes inconvenientes. “El sistema amenazaba la seguridad de los viajeros, ya que si un pasajero caía a la vía, se electrocutaba al instante”, sostiene Castellanos. Además, Madrid es una ciudad con grandes bolsas de aguas subterráneas y había miedo a desbordamientos que alcanzasen la toma de corriente.
La catenaria fija es una patente de Metro de Madrid y ha sido exportada a multitud de países
Debido a estas desventajas, se decidió trasladar al metro el sistema que utilizaban los tranvías: la catenaria, un cable que va por encima de los trenes y les proporciona electricidad a través de un pantógrafo.
A partir de esta técnica, Metro de Madrid creó y patentó una mejora, la catenaria fija, que ha sido exportada a multitud de países. Con ella, la corriente eléctrica se transmite a través de un carril rígido y no a través de un cable.
“En el contacto entre pantógrafo y catenaria, si es solo un cable, puede haber bastantes incidencias sobre todo en un servicio donde están pasando trenes constantemente. Lo que hace la catenaria rígida es sujetar ese hilo para que tenga una posición más o menos fija. Así hay menos problemas.”, explica Samir Awad, ingeniero y profesor de ingeniería del transporte en la Universidad Europea.
Según Castellanos, este sistema patentado por Metro de Madrid “está muy reconocido a escala internacional” y lo califica como “la joya de la corona del metro”. Esta es una de las patentes de la compañía, entre las que se incluye un sistema de aprovechamiento de la energía de frenado y un procedimiento de protección contra incendios.
7. Ahorro de energía con inteligencia artificial
La contaminación golpea cada día la salud de la población madrileña y son el tráfico y la industria los principales responsables. Por eso, el transporte en metro se considera una herramienta fundamental para la reducción de emisiones.
Cada hora una sola línea de Metro mueve a 70.000 viajeros, según explica el ingeniero Rafael Cortés, gerente de movilidad del grupo Avanza. “Si esta cantidad de personas tuviera que desplazarse en la superficie con un vehículo privado, sería inviable. Una calle necesitaría 50 o 60 carriles”, explica.
Entre las tecnologías diseñadas para lograr un transporte más sostenible, una de las más destacables es el sistema de climatización que utiliza el metro basado en inteligencia artificial, creado por el equipo de Isabel Fernández, responsable de Inteligencia Aplicada en Accenture España, Portugal e Israel.
El sistema de climatización de metro ha reducido en 1.800 toneladas anuales sus emisiones de CO2

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