2026-05-13
Larvas, escarabajos y gusanos acuáticos alertan deterioro del río Nima en zonas agrícolas y urbanas
Esos pequeños organismos que viven entre piedras, hojas y sedimentos permitieron identificar diferencias claras entre sectores conservados y zonas impactadas por la agricultura, la urbanización y otras actividades humanas. La investigación también dejó una guía para evaluar la calidad del agua con herramientas sencillas y sin necesidad de laboratorio.
El estudio fue desarrollado por el ingeniero ambiental Cristian Eduardo Ospina, candidato a magíster en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, quien evaluó 6 puntos del río Nima para entender cómo los cambios en el uso del suelo están afectando uno de los afluentes más importantes para el abastecimiento de agua y las actividades económicas de Palmira.
El río Nima nace en la laguna Santa Teresa, dentro del Parque Nacional Natural Las Hermosas, y desciende desde ecosistemas de páramo hasta las zonas más cálidas del Valle del Cauca, en donde finalmente se une al río Amaime antes de desembocar en el Cauca.
A lo largo de ese recorrido abastece de agua a miles de personas y atraviesa paisajes marcados por cultivos de caña, ganadería, plantaciones forestales y asentamientos humanos que ejercen presión sobre el ecosistema.
Para evaluar su estado, el investigador recurrió a los macroinvertebrados acuáticos, pequeños organismos visibles a simple vista que viven entre piedras, hojas y sedimentos del río.
Entre ellos hay ninfas de insectos, larvas, escarabajos, caracoles y pequeños crustáceos cuya presencia —o ausencia— funciona como un “termómetro” biológico de la calidad del agua.
El trabajo encontró que en los sectores con mayor presión humana predominaban organismos resistentes a la contaminación, como larvas de mosquito, moscas y gusanos de lodo, capaces de sobrevivir en aguas con menos oxígeno y mayores niveles de alteración.
En contraste, en zonas cercanas a bosques y áreas con menor transformación del paisaje aparecieron familias sensibles, asociadas con aguas más limpias y ecosistemas mejor conservados.
Entre 2023 y 2024 se recolectaron más de 5.500 organismos pertenecientes a 39 familias y 13 órdenes distintos, durante temporadas secas y lluviosas.
Los mejores indicadores de calidad del agua se registraron en áreas boscosas y de plantaciones forestales, mientras que los sectores más urbanizados y agrícolas presentaron señales de deterioro ecológico.
“Los macroinvertebrados son indicadores vivos de la calidad del agua. Algunos solo sobreviven en aguas limpias, mientras que otros toleran ambientes degradados, por eso permiten entender qué tan afectado está un río”, explica el investigador Ospina.
El agua del río Nima cambia según el paisaje que atraviesa
La metodología utilizada, conocida como bioindicación, se ha aplicado durante décadas en distintos países y permite complementar los análisis fisicoquímicos tradicionales del agua. En este caso, además de estudiar los organismos, se midieron variables como oxígeno disuelto, temperatura, pH, conductividad y sólidos disueltos, lo que permitió relacionar el estado del río con los diferentes usos del suelo.
Los puntos evaluados incluyeron sectores como Utopía y Miraflores, asociados con áreas boscosas y de recuperación ecológica, y otros como Tienda Nueva y Caluce, en donde predominan actividades urbanas, agropecuarias y cultivos de caña.
También se estudiaron zonas con extracción de materiales y plantaciones forestales, lo que permitió comparar distintos niveles de intervención sobre el río.
El trabajo de campo se realizó en tramos de 30 m del río, en jornadas de 20 minutos. Allí se utilizaron redes tipo “D” y recolección manual para capturar los organismos escondidos bajo piedras, ramas y sedimentos. Después se conservaron y analizaron en laboratorio para identificar qué familias eran más sensibles o resistentes a la contaminación.
Como parte de la investigación, el investigador también diseñó una guía ilustrada y de lenguaje sencillo que busca acercar estas herramientas de monitoreo a las comunidades.
La cartilla incluye imágenes, características básicas de los organismos y explicaciones paso a paso para evaluar el estado del agua utilizando elementos cotidianos como coladores de cocina, bandejas blancas y lupas.
“El método es muy asequible; con herramientas básicas las comunidades pueden identificar cambios en el ecosistema y generar sus propios diagnósticos sobre el estado del río”, señala.
Por ejemplo, la guía explica cómo remover suavemente piedras, hojas y arena para recolectar los organismos que arrastra la corriente, y cómo clasificarlos según su sensibilidad a la contaminación. Si predominan familias muy sensibles, el agua suele tener buena calidad; si abundan organismos tolerantes, puede haber señales de deterioro ambiental.
La investigación se realizó con el financiamiento del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y el acompañamiento de los Grupos de Investigación Orquídeas, Ecología y Sistemática Vegetal, y Modelación y Gestión de Cuencas Hidrográficas, de la UNAL Sede Palmira

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