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2022-02-23
La pandemia nos enseñó a integrar esfuerzos
Así se refiere el médico infectólogo Carlos Arturo Álvarez, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y coordinador Nacional de Estudios COVID-19 en Colombia para la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la experiencia vivida en Colombia, dos años después de haberse iniciado la emergencia sanitaria por cuenta de la pandemia.
“El balance general es agridulce, especialmente por el fallecimiento de 140.000 personas –la mayoría adultos mayores de 70 años–, que equivalen a igual número de familias afectadas por la pérdida de un ser querido”, afirma.
No obstante, destaca que, por otra parte, las medidas que se fueron tomando en el país desde el punto de vista sanitario evitaron que se produjeran mayores tasas de mortalidad y contribuyeron a que se atendiera a toda la población del país con las vacunas disponibles y de una manera equitativa.
En ese sentido, enfatiza en el papel que debió jugar el sistema de atención en salud, que pasó de 5.300 a 13.000 unidades de cuidados intensivos, varias de las cuales de abrieron en poblaciones donde nunca habían existido. Además, se amplió la red de laboratorios y se mejoró la infraestructura para ampliar la capacidad de los centros médicos.
A ello se suma la capacidad del recurso humano y la estrategia desarrollada para realizar las pruebas diagnósticas, que en menos de 3 meses pasaron de 200 a más de 80.000.
Los esfuerzos también se encaminaron hacia la ciudadanía en general, en cuanto a normas preventivas como el correcto lavado de manos, el uso de tapabocas, el aforo en establecimientos públicos y el confinamiento. “Si no se hubieran tomado medidas como las de los confinamientos, que permitieron preparar a los distintos actores de la sociedad para adaptarse a esta nueva realidad, la situación hubiera sido peor”, apunta el doctor Álvarez.
“El ciudadano entendió que estas medidas de prevención son realmente útiles, y aprendió la importancia del autocuidado; buena parte de los resultados de la salud se deben a la ciudadanía”.
En ese sentido, destaca que el acatamiento de medidas por parte de la sociedad en general fue mayor a la de otros países, donde incluso algunos gobernantes se resistieron estas.
Oportuna respuesta científica
Otro punto fundamental para el docente ha sido la integración del conocimiento entre todas las entidades académicas y científicas para elaborar la “Guía de manejo rápido para COVID-19”, y que esta fuera adoptada por las distintas instituciones médicas. Al respecto, recuerda que la UNAL, junto con otras instituciones científicas, estuvo liderando esta actividad.
“El país sigue aportando en conocimiento para el manejo de COVID-19, tal como lo muestran varios estudios publicados en prestigiosas revistas científicas y los ensayos clínicos en vacunas y medicamentos, para aportar al conocimiento”.
La pandemia también aceleró innovaciones en diferentes áreas, como el teletrabajo y la telemedicina, para lo cual se mejoraron la infraestructura y las herramientas disponibles.
Alta cobertura
Y aunque el profesor de la UNAL reconoce todas las dificultades surgidas alrededor de la distribución de las primeras vacunas, de las demoras en algunos casos para las entregas, se logró tener un plan de vacunación y, finalmente, inmunizar a la mayoría de la población. Al primer año, el país ya tenía una cobertura del 80 % de su población vulnerable y 65 % de los colombianos con el esquema completo. Sin embargo, advierte que todavía se tiene el desafío de llegar al porcentaje de población reticente a las vacunas.
“En el escenario internacional, el país también experimentó dificultades por la disponibilidad de biológicos, pero afortunadamente ha logrado cumplir con las expectativas. Vimos que en algunos momentos de la pandemia hubo falta de solidaridad, se esperaba que la distribución fuera más equitativa”, resalta el infectólogo de la UNAL.
En el ámbito de América Latina, Colombia ha logrado un menor impacto sobre la mortalidad en relación con el número de habitantes, lo que se puede dar como favorable frente a las situaciones que se presentaron en Ecuador, Perú, Brasil, Bolivia y México. Aunque Chile y Uruguay alcanzaron mejores indicadores, ello obedece más a las condiciones particulares de estos países ello obedece más a las condiciones particulares de estos países como el tamaño de su población.
Dos años después, los desafíos apuntan a la etapa pospandémica, para atender no solo las secuelas médicas posCOVID-19, sino también en salud mental, por ejemplo, y el impacto sobre la educación.
Para el doctor Álvarez, la mayor lección que deja esta emergencia sanitaria es haber mostrado cómo, ante una situación extrema, cuando el país se une –Gobierno, academia, empresa privada, ciudadanía– se logran los mejores resultados: “ojalá esta experiencia se aplique en otras situaciones”.
Y recuerda que la pandemia aún no ha terminado, por lo que no se debe bajar la guardia. “Todavía no estamos en fase pospandémica, vamos hacia allá, pero no lo estamos”.

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