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2023-10-11

La IA y el futuro del (¿no?) trabajo en los países en desarrollo


Es imposible predecir con seguridad si se alcanzará la IAG y si las máquinas serán capaces de realizar toda la gama de tareas humanas relacionadas con el trabajo. Pero el ritmo de avance indica que esa transmutación sísmica puede estar más cerca de lo que muchos piensan. A principios de la década de 2010, el reconocimiento de imágenes, es decir la capacidad de identificar objetos y rostros, seguía siendo una tarea desafiante para las computadoras. Hoy en día, los sistemas más avanzados de IA son literalmente un millón de veces más complejos que hace diez años, no solo superiores a los humanos en el reconocimiento de imágenes, sino capaces, como los  grandes modelos lingüísticos (LLM, por sus siglas en inglés), de razonar lógicamente, escribir códigos, hacer cálculos matemáticos y redactar ensayos coherentes. También pueden ser creativos y mostrar teoría de la mente, la capacidad para entender el pensamiento y la motivación humanos. El magnate Elon Musk ha tuiteado que le sorprendería que las máquinas no tuvieran IAG hacia el año 2029. Metaculus, una importante plataforma de tecnología de pronóstico informó recientemente que lo más probable es que esto suceda en 2032. “Mitigar el riesgo de extinción por Inteligencia Artificial debe ser una prioridad mundial junto a otros riesgos a escala social, como las pandemias y la guerra nuclear”, advirtió un grupo de más de 350 ejecutivos, expertos y pioneros en el campo de la IA en una declaración publicada el 30 de mayo, en la que muchos de ellos piden por separado una regulación.   

Desestabilización de los mercados laborales

Lo que parece claro es que, si bien la IA aumentará radicalmente la productividad, los nuevos avances también amenazan con desestabilizar e incluso potencialmente destruir los mercados laborales. A corto plazo (y es difícil saber exactamente cuánto sería ese corto plazo), la IA podría mejorar drásticamente el rendimiento de trabajadores cognitivos altamente cualificados: personas como médicos, abogados, ingenieros y académicos. También podría suponer un impulso de corta duración para los trabajadores manuales, quienes se beneficiarán a medida que las economías vayan creciendo, tanto en el mundo desarrollado como en el mundo en desarrollo. Sin embargo, los trabajadores cognitivos relativamente poco cualificados (por ejemplo, personas que trabajan en centros de llamadas, o contables de bajo nivel) podrían ser sustituidos pronto. Y a largo plazo, todo el mundo puede ser prescindible. A medida que los sistemas de IA, cada vez más sofisticados, aprendan a realizar las tareas más complejas, podrían sustituir a los trabajadores cognitivos altamente cualificados y, a medida que tomen el control de la robótica y de los procesos de fabricación, podrían sustituir a los trabajadores manuales.  

La IA y el fin de un modelo de desarrollo

Una evolución de este tipo acabaría, casi con toda seguridad, con el sueño de un  crecimiento basado en las actividades manufactureras e impulsado por las exportaciones para los países en desarrollo, como los de América Latina y el Caribe. Dichos países se han fijado en el “milagro” del último medio siglo de Asia Oriental como caso de estudio, un ejemplo de cómo la ventaja comparativa de los países en desarrollo en mano de obra barata puede generar un salto adelante, que conduzca a la capacidad de desarrollar productos más sofisticados y de mayor valor añadido. Pero esa ventaja comparativa puede desaparecer cuando la IA pueda participar en procesos de fabricación con un costo aún menor.

Habrá algunos beneficios significativos, al menos al principio. Los propietarios de tecnología de IA se encuentran sobre todo en Estados Unidos y, en menor medida, en el Reino Unido, pero se están implementando sistemas avanzados en todos los países, y ahora personas de todo el mundo tienen acceso a ChatGPT. Siempre que desarrollen la infraestructura digital adecuada, los países en desarrollo deberían poder seguir aprovechando las últimas generaciones de IA para adquirir una educación significativamente mejor, así como servicios médicos, de ingeniería y otros servicios de consultoría de categoría mundial, sin tener que importarlos de la forma tradicional. Esto, a su vez, podría dar lugar a grandes ventajas en la generación de propiedad intelectual en productos más sofisticados que podrían mejorar sustancialmente las condiciones comerciales de los países en desarrollo.     

Las consecuencias económicas de un mundo sin trabajo

El motivo de mayor preocupación es, ¿qué sucederá a largo plazo? La Inteligencia Artificial General, independientemente de si ocurre dentro de diez años o más, puede sustituir a todos los trabajadores: cognitivos y manuales, cualificados y no cualificados.  En esa fase de la revolución de la IA, los salarios caerían para todas las personas tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo y podrían descender por debajo del nivel de subsistencia, con una miseria masiva y una inestabilidad política que amenazaría con desestabilizar el orden social. En ese momento, los propietarios de la tecnología de IA en el mundo desarrollado podrían aferrarse al poder del monopolio, garantizando una desigualdad y una penuria crecientes. O, con un poco de suerte, se establecerán nuevas instituciones económicas y políticas para gravar su inmensa riqueza y producción y distribuir los beneficios equitativamente en todo el mundo. 

Todas las personas podrían entonces beneficiarse de alguna forma de la Renta Básica Universal, ya fuera mediante la posesión de acciones en empresas de IA o como pago de prestaciones. La era del trabajo llegaría a su fin, sustituida por una era sin trabajo. La gente podría trabajar por la satisfacción de hacerlo: por la estructura, el significado y las conexiones sociales que derivan de ello. Se comprometerían a trabajar de forma voluntaria y no subvencionada, esforzándose solo por el deseo de hacerlo, con excepciones si hay algunas áreas en las que el trabajo humano siga siendo conveniente. Inevitablemente, para algunas personas esto, al principio, sería duro psicológicamente, dado todo lo que hemos pensado durante mucho tiempo sobre la importancia del trabajo como fuente de motivación y autoestima.  Pero finalmente, con la ayuda de nuevas instituciones y costumbres sociales, los humanos podrían aprender a disfrutar de su tiempo libre y florecer en una nueva era sin trabajo.     Tales transformaciones masivas pueden parecer inimaginables, al igual que los niveles de colaboración mundial que exigen. La aparición de formas ultrapoderosas de IA y el desafío épico que esto representa para la gobernanza mundial están muy lejos de nuestra experiencia. Pero hemos creado regímenes mundiales para hacer frente a las armas nucleares y a la energía nuclear; a las enfermedades patógenas; y al calentamiento global, y este es otro de nuestros grandes desafíos mundiales. Ha llegado la hora de prepararnos para ese momento en el que la IA domine la producción y los humanos creemos un mundo justo sin trabajo.


Anton Korinek

Anton Korinek es profesor en el Departamento de Economía y en la Escuela de Negocios Darden de la Universidad de Virginia, así como investigador no residente en la Brookings Institution, investigador asociado en el NBER, investigador en el CEPR y responsable de Economía de la IA en el Centre for the Governance of AI. Se doctoró en la Universidad de Columbia en 2007, tras varios años de experiencia laboral en los sectores informático y financiero. También ha trabajado en Johns Hopkins y en la Universidad de Maryland y ha sido profesor visitante en la Universidad de Harvard, el Banco Mundial, el FMI, el BPI y numerosos bancos centrales. Su investigación analiza cómo prepararse para un mundo de sistemas de IA transformadores. Investiga las implicaciones de la IA avanzada para el crecimiento económico, los mercados laborales, la desigualdad y el futuro de nuestra sociedad. En sus investigaciones anteriores, investigó la mecánica de las crisis financieras y desarrolló medidas políticas para prevenir futuras crisis, incluido un influyente marco para la regulación de los flujos de capital en las economías emergentes.

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Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Trabajamos para mejorar la calidad de vida en América Latina y el Caribe. Ayudamos a mejorar la salud, la educación y la infraestructura a través del apoyo financiero y técnico a los países que trabajan para reducir la pobreza y la desigualdad. Nuestro objetivo es alcanzar el desarrollo de una manera sostenible y respetuosa con el clima. Con una historia que se remonta a 1959, hoy somos la principal fuente de financiamiento para el desarrollo para América Latina y el Caribe.

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