
Imagen. / La IA nos ofrece beneficios, pero también retos. Pixabay.
2025-06-25
Inteligencia artificial y consumo energético: retos para un futuro sostenible
La inteligencia artificial se ha consolidado como una de las tecnologías más transformadoras del siglo XXI. Desde asistentes virtuales y sistemas de recomendación hasta complejos modelos de lenguaje y aprendizaje profundo, su implementación se ha expandido a múltiples sectores productivos. No obstante, este avance tecnológico conlleva un costo energético creciente que plantea serios desafíos ambientales. Los expertos coinciden en que el consumo energético asociado a la IA está aumentando de forma acelerada, al punto de amenazar los esfuerzos globales por mitigar el cambio climático. Frente a este escenario, se han propuesto varias estrategias para equilibrar el desarrollo de la IA con una gestión energética responsable y sostenible.
El crecimiento del consumo energético impulsado por la IA
La IA requiere grandes cantidades de energía, particularmente durante el entrenamiento y la operación de modelos avanzados como los de aprendizaje profundo. En efecto, entrenar un solo modelo de IA de gran escala puede llegar a consumir tanta electricidad como 100 hogares europeos durante un año. Este fenómeno se intensifica a medida que las empresas compiten por desarrollar modelos más complejos, lo que incrementa exponencialmente la demanda de recursos computacionales y, por ende, de electricidad.
La situación es aún más preocupante en el contexto de América Latina y el Caribe. La Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) estima que para el año 2035, la IA podría representar hasta el 5 % del consumo eléctrico total de la región, una cifra considerable en territorios donde muchas comunidades aún carecen de acceso confiable a la electricidad. Esto evidencia que el crecimiento del uso de IA no es neutral desde el punto de vista energético, y podría exacerbar desigualdades existentes si no se acompaña de políticas energéticas inclusivas.
La paradoja de la IA: ¿solución o problema ambiental?
El dilema ambiental de la IA se basa en una paradoja: si bien puede ayudar a mejorar la eficiencia energética de muchas industrias, también genera una demanda considerable de energía por sí misma. La IA tiene un potencial considerable para optimizar sistemas eléctricos, predecir consumos, y mejorar la gestión de redes, lo cual podría reducir hasta un 15 % de las emisiones en sectores clave como el transporte o la construcción. Sin embargo, esto solo se logrará si se controlan las emisiones derivadas de su propio desarrollo y operación.
Los centros de datos donde operan los sistemas de IA requieren grandes infraestructuras de refrigeración, suministro eléctrico constante y unidades de procesamiento de alto rendimiento. En muchos casos, estas instalaciones dependen aún de matrices energéticas con alto contenido fósil, lo que agrava su huella de carbono. Por ello, organismos internacionales y expertos en tecnología coinciden en que se debe avanzar hacia un modelo de IA energéticamente eficiente y alimentado con energías renovables.
Posibles soluciones para un desarrollo sostenible de la IA
Diversas estrategias están siendo exploradas para mitigar el impacto energético del crecimiento de la inteligencia artificial. Una de ellas es el diseño de modelos más eficientes, capaces de alcanzar altos niveles de rendimiento con menos recursos computacionales. Ya existen investigaciones centradas en algoritmos que reducen el número de parámetros requeridos o que permiten el entrenamiento distribuido en redes más eficientes.

Otra solución clave es la transición energética de los centros de datos. La migración hacia fuentes renovables como la solar, eólica o geotérmica para alimentar estas infraestructuras es una medida urgente. Asimismo, se promueve la ubicación estratégica de centros de datos en regiones con climas fríos o disponibilidad de energía limpia, lo cual reduce la necesidad de refrigeración artificial. La reutilización del calor residual generado por los servidores también se está explorando como una forma de mejorar la eficiencia general del sistema.
Por último, se requiere una gobernanza tecnológica global que establezca regulaciones claras sobre el consumo energético de tecnologías emergentes como la IA. Esto incluye normativas de eficiencia, certificaciones ambientales y estándares de transparencia energética, que permitan a las empresas y gobiernos alinear sus desarrollos tecnológicos con los compromisos climáticos internacionales.
El crecimiento acelerado del uso de la inteligencia artificial plantea importantes desafíos energéticos que deben ser abordados con urgencia. Si bien la IA puede ser una aliada en la lucha contra el cambio climático, su impacto negativo sobre el consumo eléctrico no puede ser ignorado. La clave está en combinar innovación tecnológica con eficiencia energética, el uso de energías renovables y políticas regulatorias efectivas. Solo así será posible construir un futuro donde el desarrollo digital y la sostenibilidad ambiental avancen de la mano.
Referencias
Foro Económico Mundial. (2024). ¿La IA reducirá las emisiones o aumentará la demanda?.
https://es.weforum.org/stories/2024/07/ia-y-energia-la-ia-reducira-las-emisiones-o-aumentara-la-demanda/
New York Times en Español. (2024). La IA y su voraz consumo de energía atentan contra los objetivos climáticos.
https://www.nytimes.com/es/2024/07/19/espanol/ia-energia-cambio-climatico.html
Organización Latinoamericana de Energía (OLADE). (2024). La inteligencia artificial consumirá el 5% de la electricidad en América Latina y El Caribe en el año 2035.
https://www.olade.org/noticias/la-inteligencia-artificial-consumira-el-5-de-la-electricidad-en-america-latina-y-el-caribe-el-ano-2035/
Felipe Chavarro
Copy editor
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