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2026-05-07

Cuidar es trabajar: del empleo invisible a la formalización en América Latina y el Caribe


Ideas clave

  • El trabajo de cuidado es una actividad económica esencial en la región, pero la mayoría de quienes lo realizan, en su mayoría mujeres, trabajan sin contrato, sin seguridad social y con ingresos inestables.
  • Países como Uruguay, Chile, Argentina y Costa Rica han avanzado con marcos regulatorios, programas de certificación y sistemas nacionales de cuidados para profesionalizar el sector.
  • Formalizar y proteger a quienes cuidan es una inversión estratégica ante el envejecimiento acelerado de América Latina y el Caribe.

A las seis de la mañana, antes de que la ciudad despierte, ya hay alguien trabajando. No está en una oficina ni en una fábrica. Está en una casa, ayudando a otra persona a empezar el día: levantarse, vestirse, recordar una pastilla, sostener una conversación.

Ese trabajo, tan cotidiano como indispensable, casi no aparece en las estadísticas laborales. Pero debería. Porque detrás de esa escena diaria hay una de las transformaciones más profundas y menos visibles de América Latina y el Caribe: el envejecimiento de su población y la creciente demanda de cuidados.

El informe ¿Quién cuida? Cómo apoyar y reconocer a quienes cuidan de personas mayores en América Latina y el Caribe deja en evidencia una paradoja: una actividad esencial para el bienestar de la región continúa siendo, en gran medida, trabajo no reconocido.

Un sector marcado por la informalidad y el bajo reconocimiento

Muchas personas cuidadoras, en su mayoría son mujeres, trabajan sin contrato, sin acceso a seguridad social y con ingresos inestables. Esta realidad las expone a riesgos, al desempleo o a una vejez sin protección y, además, limita sus posibilidades de construir una trayectoria laboral. La falta de reconocimiento formal de habilidades y experiencia refuerza este círculo: sin formación ni certificación, las oportunidades de avanzar en el mercado laboral se reducen, perpetuando la precariedad.

A la informalidad se suman condiciones laborales complejas: jornadas extensas, alta carga emocional y escaso apoyo institucional. Además, como muchas veces se realiza dentro del hogar, este trabajo queda fuera del radar de las inspecciones laborales.

El resultado es un sector con baja remuneración y alta rotación, donde sostener una carrera laboral en el tiempo resulta difícil.

Avances concretos: cuando el cuidado entra en la agenda laboral

No todo son déficits: en los últimos años, varios países de América Latina y el Caribe han empezado a mover piezas para transformar el cuidado en una fuente de empleo digno.

Países como Uruguay y Chile están apostando por profesionalizar el cuidado. A través de programas de capacitación y certificación, buscan que cuidar deje de ser una habilidad informal y pase a ser una ocupación reconocida. Esto mejora la calidad del servicio y abre puertas a mejores salarios y trayectorias laborales más estables.

Formalizar el trabajo de cuidado implica entrar en un terreno de difícil acceso: el hogar. Aun así, países como Argentina han avanzado con marcos regulatorios específicos que incluyen a cuidadoras dentro del régimen de trabajo en casas particulares. Salario mínimo, jornadas definidas y acceso a seguridad social son pasos concretos para reducir la precariedad.

Los casos de Uruguay y Costa Rica destacan por su enfoque integral. Sus sistemas nacionales de cuidados definen estándares de calidad, regulación y profesionalización del cuidado, promueven la formación y generan una demanda más estable de empleo formal. Otros países, como Colombia, avanzan en esa misma dirección.

La tecnología también está empezando a jugar un rol en el sector de cuidados. Plataformas digitales, algunas impulsadas con apoyo del BID y BID Lab, buscan conectar a las personas cuidadoras con las familias que necesitan apoyo. A través de estas aplicaciones en línea, las cuidadoras pueden acreditar experiencia, recibir valoraciones y mejorar su empleabilidad. En otras palabras, funcionan como un puente entre la informalidad y un mercado más transparente.

El siguiente paso: reformas estructurales y profesionalización

A pesar de los avances, los cambios aún son insuficientes frente a la magnitud del desafío. Para consolidar un sector de cuidados que genere empleo de calidad, se necesitan reformas más profundas.

Entre ellas, el informe destaca la necesidad de simplificar el acceso a los sistemas de seguridad social, especialmente para trabajadores con esquemas laborales fragmentados o por horas. También se requieren incentivos claros para la formalización y una mejor articulación entre políticas sociales, laborales y fiscales.

El futuro del cuidado en América Latina y el Caribe dependerá de la capacidad de los países para reconocer este trabajo como lo que es, una actividad económica esencial.

Formalizar, profesionalizar y proteger a quienes cuidan es una inversión estratégica en sociedades que envejecen y que necesitarán, cada vez más, cuidados de calidad.

Descarga la publicación y descubre más: ¿Quién cuida? Cómo apoyar y reconocer a quienes cuidan de personas mayores en América Latina y el Caribe.

Palabras clave: Protección Social, Cuidado de Adultos Mayores

Por Marco Stampini y Maria De Gador Manzano Guillen

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BID

Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Trabajamos para mejorar la calidad de vida en América Latina y el Caribe. Ayudamos a mejorar la salud, la educación y la infraestructura a través del apoyo financiero y técnico a los países que trabajan para reducir la pobreza y la desigualdad. Nuestro objetivo es alcanzar el desarrollo de una manera sostenible y respetuosa con el clima. Con una historia que se remonta a 1959, hoy somos la principal fuente de financiamiento para el desarrollo para América Latina y el Caribe.

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