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2022-07-05
Cómo el consorcio espacial se puede ver afectado por la política internacional
La Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) es uno de los mayores ejemplos del consorcio espacial, y más concretamente, de la colaboración entre la NASA y la ESA. No obstante, la ISS también funciona gracias a las asociaciones de otras organizaciones de países como Rusia, con Roscosmos; Canadá, con la CSA y Japón, con la JAXA. Dentro de estos cinco programas espaciales hay involucrados un total de 15 países. La mayoría, pertenecientes a la Unión Europea y, por tanto, asociados a la ESA.
Estados Unidos y por ende, la NASA, es una de las principales agencias involucradas, pues es la que inició el proyecto en 1984. Fue la encargada de gestionar, a través de una compañía estadounidense, la creación de la estructura y algunos de los módulos más importantes, como los tanques de oxígeno. La NASA, además, proporciona el laboratorio Destiny, ubicado en la propia estación espacial y cuyo objetivo es ayudar a los astronautas estadunidenses en las tareas de investigación.

La ESA es otra de las principales agencias involucradas. Al igual que la NASA, es propietaria de uno de los diferentes laboratorios construidos en la ISS; el Columbus, que está desarrollado por países como Italia y Alemania. Otro componente importante de la estación espacial que ha sido posible gracias a la ESA es brazo robótico europeo. Este instrumento, en concreto, permite acoplar y sustituir paneles solares en la estación. Es por tanto, de mucha utilidad para los astronautas que realizan los paseos espaciales. España, Noruega, Suecia, Dinamarca, Bélgica y Países Bajos también han colaborado en el desarrollo de algunos componentes en la Estación Espacial Internacional.
James Webb, Consorcio Espacial

El James Webb, el gigantesco telescopio valorado en más de 10.000 millones de dólares y que fue lanzado por la NASA el pasado 25 de diciembre, también es fruto del consorcio espacial que hay, sobre todo, entre la agencia espacial europea y la estadounidense. De hecho, el lanzamiento de este observador espacial fue posible gracias a la ESA y el Ariane 5, el cohete europeo diseñado para poner en órbita satélites. La Agencia Espacial Europea también ha estado involucrada en el desarrollo de algunos componentes del propio telescopio. Entre ellos, el Espectrógrafo, bautizado como NIRSpec. Este instrumento se encarga de detectar la luz de las estrellas y dispersarla para poder analizar sus propiedades físicas. Entre ellas, la temperatura, la comisión, etc.
En el desarrollo del James Webb también ha participado la Agencia Espacial Canadiense (CSA, por sus siglas en inglés), organización que también colabora estrechamente con la NASA y con la ESA.
El futuro del consorcio espacial es prometedor
La NASA y la ESA todavía tienen una larga colaboración por delante con misiones realmente espectaculares, como la Artemis 1; la primera misión no tripulada que enviará a la nave Orión, diseñada conjuntamente por ambas administraciones espaciales, más allá de la luna, y seguidamente la traerá de vuelta a la tierra.
Uno de los principales componentes de Orión es el llamado módulo de servicio europeo (ESM, por sus siglas en inglés). Este es el encargado no solo de propulsar la nave espacial, sino también de permitir que maniobre e, incluso que sea capaz de regular el control térmico o proporcionar agua y oxígeno a la tripulación.
La nave Orión se lanzará junto con el SLS o Sistema de lanzamiento espacial que tiene como objetivo llevar, de nuevo, a humanos a la Luna. Esta, por supuesto, no será la última misión del consorcio espacial.
Rubén Chicharro

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