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Imagen. / Unimedios

2022-11-21

Coherencia, recursos y decisión, requisitos para avanzar hacia una sociedad del conocimiento


“Vamos a desarrollar la sociedad del conocimiento y la tecnología”, fueron las palabras del presidente Gustavo Petro en su emotivo discurso de posesión que genera la ilusión de que el país avanza hacia una meta necesaria.

Para lograr esta ambiciosa tarea, en las acciones del Gobierno parecen no existir ninguno de los tres ingredientes que lleven al país a ser una “sociedad del conocimiento”, y que lastimosamente luce como un continuo de sus antecesores. 

Aun contando como consejera con la icónica Mariana Mazzucato, aun siendo líder regional en la COP27 donde uno de los diez temas priorizados es la ciencia, pese a los estructurados discursos, todo sugiere que Colombia no avanza hacia el esperado cambio.

A continuación se explica cómo los recursos, la coherencia y la decisión son determinantes para habilitar un escenario idóneo para la investigación y la ciencia con visión de futuro y no de corto plazo. 

Recursos

Si el Estado emprendedor es el principal generador de riqueza, como lo indica la consejera Mazzucato, también debe ser la fuente esencial de financiación hacia una productividad basada en la ciencia, la tecnología y la innovación (CTeI). Pero los anuncios sobre recursos, asunto crítico del sector, no se compadecen con las declaraciones de la cartera de CTeI, que indican que se seguirá financiando la ciencia colombiana con regalías y beneficios tributarios. Lo anterior resulta en un contrasentido, si consideramos la postura gubernamental sobre la necesidad de desescalar la explotación hidrocarburífera (fuente de las regalías para CTeI), o las declaraciones que sugieren una ruta hacia la reducción de beneficios tributarios. 

En ambas fuentes se concentrarían probablemente los recursos para la gestión del conocimiento que, por el contrario, obliga a tener una fuente constante e incremental para su desarrollo. Además de pretender soportar la financiación en fuentes volátiles que decrecerán, no hay un incremento en los recursos del Presupuesto General de la Nación (PGN) para el sector, que en 2023, a pesar de haber incrementado un 9,6% respecto a 2022, tendrá el 65% de los recursos comprometidos como vigencias futuras e inflexibilidades.

Destinar algo de la reforma tributaria al sector de CTeI sería un mejor comienzo, no solo para pasar del deshonroso último lugar del presupuesto nacional, sino también para tener algún concurso en el ámbito internacional. Con la pandemia se lograron inversiones significativas, pero no para el gasto de investigación y desarrollo (I+D). Según el Banco Mundial, en 2020 Colombia pasó del 0,27 al 0,29% de inversión del producto interno bruto (PIB) en I+D, mientras el promedio para América Latina y el Caribe en 2019 fue del 0,67%, y para Norteamérica del 3,32% en 20201. 

Y a pesar de que las buenas intenciones surgen de nuevo, casi nunca se valora el riesgo de las políticas públicas. El DNP ha anunciado que se tendrá 

[…] un monto considerable de $31 billones para los próximos dos años y es importante que aunemos esfuerzos. No tiene ningún sentido que aprobemos 850 proyectos en ciencia y tecnología, dispersando de esta manera la inversión de los recursos. 

Así, se llama a la concentración de recursos más robustos enfocados en proyectos estratégicos. Aunque es una buena idea, las regalías como recurso finito y decreciente no son la fuente para financiar los proyectos de largo plazo. 

Con las regalías no se pueden financiar proyectos de largo plazo ni gastos recurrentes, pero sí se podrían alcanzar condiciones habilitantes para I+D, e integrar recursos más estables procedentes del PGN (incorporar lo correspondiente a la continuidad de los proyectos que queden truncos, vía PGN, cuando se reduzca o expire la fuente de regalías). 

Y es que se está en mora de promover algún análisis que mida el impacto negativo de proyectos que se acaban a mitad de camino por no contar con la financiación necesaria para consolidar sus avances. Intuitivamente, la pérdida de tiempo y presupuesto es significativa, a cuenta de proyectos interrumpidos (por falta de dinero o por cambio en los instrumentos o convocatorias). Independientemente de la fuente, Colombia ya ha tenido la experiencia de inversiones robustas, a mediano y largo plazo, para los Centros de Excelencia, los Programas Estratégicos de Investigación2 y para Colombia Científica3. ¿Qué pasa con la inversión cuando no hay continuidad? 

Coherencia

Casi tres generaciones planteando la necesidad de invertir a largo plazo y de articular las actividades y los actores de un precario Sistema Nacional de CTeI; dos Misiones de Sabios, que han expuesto la hoja de ruta para lograr las transformaciones sociales y económicas, sustentadas en el conocimiento científico, y hasta ahí los esfuerzos se concentran en proyectos de “resultados” inmediatos, esos que se usan para mostrar gestión (para alcanzar réditos políticos). 

Si se entiende que los resultados de la ciencia se cosechan más allá del periodo de un gobierno, las políticas serían coherentes con las metas. A ese nivel, por citar otro ejemplo, las becas doctorales (sin proyectos) lucen como una meta para mostrar, no para transformar el país. Cubrir los gastos de un becario que dedicará al menos 4 años de su vida a la investigación, no genera per se nuevo conocimiento. Se necesita presupuesto para el desarrollo de sus tesis, de donde se deriva ese anhelado nuevo conocimiento (que en ocasiones tarda más de un gobierno para formar parte de un bien, un producto o un servicio).


Colombia cuenta con el Fondo de Investigación en Salud, que hace más de 20 años financia proyectos que han llevado a esta área del saber a logros significativos. /Archivo UnimediosColombia cuenta con el Fondo de Investigación en Salud, que hace más de 20 años financia proyectos que han llevado a esta área del saber a logros significativos. /Archivo Unimedios

La falta de comprensión de esta dinámica del conocimiento ha promovido la inversión de becas nacionales y en el exterior, en las primeras sin importar la calidad (presupuesto) de los proyectos, y las segundas sin planes claros para el retorno (salvo el de condonar la deuda del crédito-beca). Y como alcanzar el doctorado no es sinónimo de investigador, la frustración induce a la salida o al no regreso de tantos doctores que hoy no tienen una oportunidad laboral real en Colombia. 

Se nos está yendo el futuro. Otro ejemplo son las expediciones científicas conducentes al uso del recurso natural renovable (aprovechable), para darle a través de la ciencia el valor agregado hacia nuevas economías. Se emprenden programas que no pasan de una lista de inventarios y quedan sin continuidad. Se explora el Chocó, y ahora los Montes de María, sobre la base menos científica: el origen del ministro de turno. Conflictos de interés que van en desmedro de la integridad científica y que dejarían a la Amazonia o la Orinoquia sin un lugar en el horizonte de prioridades, hasta que se llegue un jefe de cartera oriundo de estas regiones.

Pero no todo es malo. Colombia cuenta con el Fondo de Investigación en Salud, que hace más de 20 años financia proyectos que han llevado a esta área del saber a logros significativos (incluyendo una comunidad más sólida respecto a otras). El talento humano con alta formación ha impactado positivamente la educación, especialmente la superior (aunque no se ejerce plenamente como investigador). Las regalías han permitido mejorar las condiciones de infraestructura de algunas instituciones del sistema, pero ponderar lo bueno sería seguir mirando para otro lado. 

Decisión

La cabeza del Sistema Nacional de CTeI debería integrar y orientar las políticas del sector, pero se cuenta con un ministerio para CTeI (Minciencias) casi invisible y con serios problemas internos. Un ministerio sin norte claro que debió, entre otros, ser el líder del plan gubernamental para la participación de la diáspora. El propio Minciencias debió abrir posibilidades a su alcance como la supervisión de proyectos. Si por naturaleza dicha actividad de supervisión debe ser muy técnica, allí se pudieron ubicar algunos de los doctores, a modo de primer empleo, buscando que hagan camino en lo público, y así retener –o retornar– a los científicos. 

La diáspora también podría formar parte de esos proyectos orientados por misiones, con tareas o funciones especiales –aunque poco exploradas– como la de atraer recursos del exterior. Hasta el momento, el país se ha llenado de memorandos de entendimiento en donde el recurso para viabilizarlos (los que llegan a esta fase) son 100% nacionales, con avisos de la entidad internacional. Se muestra una gestión superflua que no conduce a un avance sólido del sector; solo indicadores para réditos particulares y cortoplacistas.

Buscar resultados distintos haciendo lo mismo condena a la ciencia (economía) colombiana a un punto de no retorno. El cambio debe ser genuino, proyectando discurso y acciones convergentes hacia un camino que ya está inventado por la sociedad del conocimiento.

 

Referencias 

1https://datos.bancomundial.org/indicator/GB.XPD.RSDV.GD.ZS

2https://legadoweb.minciencias.gov.co/convocatoria/programas-estrat-gicos-de-investigaci-n

3https://minciencias.gov.co/sala_de_prensa/programa-colombia-cientifica-aportara-al-desarrollo-la-capacidad-investigativa-del

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