
Imagen. / Editorial
2024-06-13
“Yo” vs. “el autor” en la escritura académica
Al leer un artículo académico, las expresiones más usuales de los autores para referirse a sí mismos son en tercera persona: “el autor”, “los autores”, el nombre de pila y los pronombres abundan en este tipo de publicaciones. Desde mi experiencia, existe una creencia generalizada de que la tercera voz brinda una sensación más formal o científica, mientras que la primera voz debe usarse en escritos más personales. La decisión de usar una u otra voz no es arbitraria, sino que está directamente relacionada con el punto de vista que el autor desea proyectar en el escrito. Pero, ¿realmente la tercera voz es más efectiva? ¿Brinda más seriedad a un escrito? Estas son quizás las preguntas clave que llevan a investigadores como Eric B. Brennan o Christine Webb a analizar cómo la escritura científica puede impactar cambiando la voz en las publicaciones.
Escribir es una tarea difícil cuyo objetivo es parecer sencilla. El escritor debe hallar las palabras adecuadas y reorientar sus pensamientos hacia los argumentos más contundentes. En un escrito, cada palabra y cada coma cuentan. Vale la pena, entonces, preguntar si es apropiado utilizar la primera persona en textos con un énfasis más científico. En este contexto, Eric Brennan, un académico, comienza un artículo que publicó recientemente contando un poco las peripecias que ha tenido que afrontar con sus editores al presentar investigaciones con el uso de la primera persona, utilizando el temido "yo". Evitar el uso del lenguaje en primera persona no es una regla escrita en algún manual de publicación, pero sí se ha convertido en una norma silenciosa seguida por académicos, estudiantes y el público que se relaciona con la academia.
Imagen / Fuente: Brennan (2024)
Empezar a usar la primera persona, apunta la investigación, es un enfoque honesto, conciso e importante. Promueve una identidad académica competente y proporciona una acreditación clara para las afirmaciones de investigación. A pesar de los rechazos continuos que Brennan experimentó al intentar publicar en primera persona, su nueva investigación indicó que el uso de esta voz ha ido aumentando con el tiempo. En este estudio se observaron incrementos en el uso de la primera persona en artículos de biología desde 1923 hasta 2023. Esto sugiere que no solo las revistas están más abiertas a publicar investigaciones con este tipo de voz, sino que esta práctica debería ser apoyada y fomentada desde las universidades.
“Es hora de que los científicos adopten los pronombres en primera persona y vayan más allá de las nociones obsoletas de que esas palabras poderosas, breves, neutrales en cuanto al género y fáciles de leer son de alguna manera inapropiadas en la escritura científica.” — Eric B. Brennan
Aquí están cuatro de los temores que los escritores pueden tener a la hora de escribir en primera persona, los cuales Brennan considera son mitos en la comunicación científica.
1. Objetividad
La principal objeción es que un escrito en tercera persona se percibe como más objetivo. Frases como "Yo pienso" o "Creo que" parecen argumentos sesgados; sin embargo, el problema no es la primera persona, sino que el autor está utilizando construcciones discursivas muy sencillas para construir afirmaciones. Al emplear frases calificativas, el trabajo puede perder cierta objetividad. En cambio, al utilizar la primera persona en una oración como "En esta investigación, sostengo", se mantiene la objetividad académica. Ocultar la presencia del autor en los artículos no disminuirá su impacto ni implica que no se separen los hechos de las opiniones.
2. Formalidad
La primera persona suele reservarse para escritos más personales y, por lo tanto, más informales. Pero es importante reconsiderar el ejemplo anterior, si se emplean expresiones más calificativas, menos persuasivas y más personales, el escrito adopta un estilo informal. No obstante, la informalidad no surgirá del uso de la primera persona, sino de la proposición misma.
3. Persuasión
Las guías a menudo afirman que el uso de la tercera persona otorga más credibilidad. Sin embargo, aquí cabe hacer la misma aclaración: esto solo sucederá si se hacen declaraciones calificativas, las cuales pueden ser omitidas o redactadas de otra manera. En este caso, utilizar una oración como “Realizamos una encuesta que encontró” en lugar de “La encuesta encontró” no cambiará la confiabilidad del lector. Es importante recordar que los lectores son conscientes de que el artículo fue escrito por una persona.
4. Legibilidad
Finalmente, Brennan reconoce que el uso de la primera persona puede generar textos más comprensibles y naturales para el público. Acercar la ciencia y los resultados que esta brinda a través de investigaciones no debería ser una barrera infranqueable con la que los estudiantes se encuentren al aprender. Omitir los pronombres o el uso de la primera voz puede dificultar la fluidez de la escritura, lo que a su vez puede obstaculizar la comprensión y divulgación del conocimiento.
La forma en la que, como autores, definimos nuestro estilo de escritura académica tiene implicaciones en cómo el conocimiento se entiende y se materializa. El artículo de Brennan no busca imponer un nuevo estilo, pero sí plantea la discusión sobre cómo el discurso académico puede expandirse para influir en diversos ámbitos. En última instancia, la recomendación del autor es clara: debemos hacer que nuestros estándares de redacción académica sean los más sólidos y honestos posibles.
Laura Valentina González Pardo
Editorial Assistant
Virtualpro
laura.gonzalez@ingco.co
Referencias:
Brennan, E. B. (2024). “I” versus “the author”: The power of first-person voice when writing about science. Proceedings of the National Academy of Sciences, 121(22).
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